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Romance del Minero Anónimo

Poco a poco, lentamente,
por escabroso sendero,
camino de su trabajo,
va el fatigado minero.

Tres o Cuatro pequeñuelos
allá en las camas quedaron,
que para ver a su padre
un momento despertaron.

Rezando frente a una imagen
queda la afligida esposa
que después a sus quehaceres
va a dedicarse afanosa.

Queda atrás la pobre casa,
con sus aves, con sus flores,
con su cocina tan limpia,
y su patio de colores.

Subiendo por la vereda.
Una tos seca y constante,
agudiza la fatiga
del cansado caminante.

Pero pensando en sus hijos
en su casa, en su pobreza,
para seguir adelante,
saca fuerza de flaqueza.

Y cuando llega a la mina,
cuando llega a su rebaje,
en su penosa tarea
desahoga su coraje.

Y en la roca dura e inerte
hunde la perforadora
y sus cansados pulmones
la silicosis devora.

Pero trabaja con brío,
con desenfrenado afán,
pues cada piedra que arranca,
es un pedazo de pan,
es libros para el muchacho
que termina la primaria
y que le año que entra ha de ir
a la secundaria.

Es calzado, es vestido,
es sustento de la casa
y con esos pensamientos
toda la jornada pasa.
La jornada que mañana
ha de volver a vivir,
pues ha nacido minero
y minero ha de morir.

Una mañana lluviosa
en el lecho permanece,
ya no lo deja pararse
la enfermedad que padece.
Y así comienza el calvario
que ha de durar muchos días,
con fugaces esperanzas
y ficticias mejorías.

Cristianamente recibe
los últimos sacramentos,
comprendiendo que ha llegado
el fin de sus sufrimientos.

Poco a poco, lentamente,
como cuando iba a la mina
de este anónimo minero
la dura vida termina...


LUIS JIMENEZ OSORIO

Apuntes para una monografía de Real del Monte, Hgo.
Junio de 1998.
Gobierno del Estado de Hidalgo.


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