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Mi Tierra Real del Monte

Tras el cerro del Judío sonriente asoma la aurora
y la cima de El Hiloche, el sol con sus rayos dora.
Con la luz del nuevo día se adivina ya el perfil
del alegre caserío que cubre el tajamanil.

De San Pedro el Zopilote de rojo se tiñe el cielo
y del Aguila la Peña, cubre de nubes un velo.
Coronado por la niebla el Zumate se levanta,
para que el dorado Febo bese amoroso su planta.

La antigua Dificultad humillada por la roca,
en la activa chimenea, su actual orgullo radica.
Purísima Concepción. El Sacromonte, Dolores,
van despertando afanosos, del nuevo día, a los albores,

¡Barrios de la Quebradilla, de la Virgen, del Purero!
¡De San Pedro Huixotitla, de Escobar y de Guerrero!
¡Barrios de la Tlaxcalaera, San Agustin, Aguatoche!
¡De Rufina, San Francisco y del Bosque de El Hiloche!

Por sus alegres veredas, por empinados senderos,
van alegres y confiados a su labor los mineros.

¡Dulce Jesús de Zelontla! ¡Morena del Tepeyac!
Por sus hombres las mujeres; en su hogar rezando están,
que con agudo silbar, dan la señal los silbatos,
para que son carne humana, se carguen los aparatos.

Y a su penosa tarea el minero va sonriente,
y en cada rincón, se esconde, la sombra de un accidente.
Pródigo, alegre, confiado, tranquilo la vida pasa.
¡Y la horrible solicosis su porvenir amenaza!

¡Que fiestas las del Año Nuevo a la Virgen del Rosario,
cuánto cohete, qué castillos, qué orgullo de campanario!
¡Como se hace agua la boca ante los puestos de moles
cómo con ansia se buscan del "temaxcal" los cocoles!

En solemne procesión llevan a la imagen santa,
hay ternura en todo pecho, sollozos en la garganta.
Qué de luces, qué de gente, tocan sin cesar las bandas
y cargadas por las barras, poco a poco van las andas,

¡Qué fiestas las de Año Nuevo a la Virgen del Rosario!
¡Cuánto cohete, que castillos, qué orgullo de campanario!
Las fistes del Dulce Nombre, son para el barra mayor.
Cuánta ternura hay en ellas, cuánta piedad y fervor.

Después el Jueves de Corpus, la solemne procesión,
las carreras de caballos, como el Jueves de Ascención,
en las fiestas qué alegría, qué derroche, qué contento,
en los duelos hermandad, pesares y sentimiento.

Cómo va sembrando angustia, pesadumbre, dolor, ansia,
si al hospital se dirige lentamente la ambulancia.
Ya el sol al morir, incendia las encinas de El Hiloche,
ya al alegre caserío, cubre el manto de la noche.

Por las obscuras veredas, por empinados senderos,
regresan de su trabajo a descansar los mineros.
Y jadeantes, fatigados, van por el camino obscuro.
A lo lejos, son estrellas las lámparas de carburo.

Tras el cerro del Judío plácida la luna avanza.
Y Real del Monte, tranquilo, de sus fatigas descansa.


LUIS JIMENEZ OSORIO

Apuntes para una monografía de Real del Monte, Hgo.
Junio de 1998.
Gobierno del Estado de Hidalgo.


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