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Misterioso laberinto o contadero

Primera parte

Hay que hacerse acompañar de una persona que conozca la zona, porque es fácil el perderse. Una vez conociéndolo, volverá, una y otra vez, para recrearse con sus paisajes y tal vez algún día encontrará el tesoro que, según la leyenda existe. Recuerde, tiene que llevárselo, todo o nada.

Dicen algunos lugareños que por allá, a mediados del siglo pasado, existió una gavilla de bandidos que asolaba la región de Tulancingo, Pachuca, Real del Monte y los caminos para México y Querétaro.

Naturalmente, sus ganancias eran muy grandes, por lo que inicialmente tenían su guarida en el cerro de Los Pitos, que se encuentra a un lado de la población de Tlaquilpa y Téllez, que se localiza entre la Ciudad de México y Pachuca.

El Ejército los acosaba, por lo que tuvieron que buscar un lugar más seguro y así llegaron hasta ese precioso lugar, que por sus formaciones rocosas lo llaman el laberinto o el contadero, por las leyendas que de ese lugar se cuentan.

El cabecilla de los bandidos tenia una mujer que practicaba las artes negras, era una bruja, y cuando llegaron a ese lugar encontraron una cueva muy grande, donde los que la han visto dicen que caben en su interior más de cien caballos y para que no encontraran la entrada de la cueva otras personas, la bruja hizo un maleficio donde sólo se abría con unas palabras especiales y así siguieron asaltando hasta que un día, el jefe de la banda se enamoró de una jovencita que vivía allá, por el barrio de La Gotera, en Real del Monte, y se la llevo a su guarida, lo cual disgustó a la bruja y trató de envenenar al bandido, quien se dio cuenta y la mató.

Ella, antes de morir, le dijo que él y su gente jamás disfrutarían de todos los tesoros que se encuentran en la cueva, menos que lograran sacar todo, o no se llevaran nada, pero como la avaricia de los bandidos era mucha, trataron de llenar las alforjas de sus caballos y costales con dinero y joyas, pero aunque sobrecargaron a sus caballos, dejaban muchos tesoros, por lo que no encontraron la salida del laberinto y ahí murieron, dentro de la cueva.

La única que salió con vida fue la jovencita, y eso porque no tomo ni una moneda y por ella se supo parte de la leyenda. Esta no acaba, en la próxima semana les seguiré contando lo más interesante, que para muchos lugareños es verdad.

Las tradiciones en Real del Monte. Publicado en el periódico el Sol de Hidalgo el 9 de enero de 1994. Por David Guerrero R.

Segunda parte

Seguimos con la segunda parte del misterioso laberinto o contadero, un lugar muy poco visitado, por lo que aun guarda los paisajes y bosques que nos hace sentir el amor por la naturaleza, donde nuestro espíritu encuentra la paz, y nuestra imaginación nos hace sentir el temor a lo desconocido y alimentarnos de las tradiciones y leyendas de nuestro bello estado de Hidalgo.

En la primera parte, hablé de la cueva y del tesoro que, según la leyenda, aún existe en esos parajes, y según dicen algunos lugareños que en determinados años, el 24 de junio se abre la entrada de la cueva y que han visto al fondo de la misma los costales de oro, plata, joyas, monedas y muchas cosas más de valor, que en si era botín de muchos asaltos que hicieron los bandidos y que nunca pudieron sacar.

Para llegar a ese lugar, después de dejar la carretera pavimentada, se sigue a pie por una vereda donde hay una cruz de madera de aproximadamente tres metros de altura y continuar caminando hasta llegar a otra cruz igual a la primera y así hasta completar siete cruces y colocadas a determinadas distancias (nadie nos pudo explicar el porqué de esas cruces); una vez pasada la séptima cruz, se llega a la rústica capilla que se encuentra arriba de una roca y ahí empieza El Laberinto, hay varias veredas y cualquiera que usted tome como camino lo llevara a una serie de pasillos entre rocas como si fueran paredes y al caminar por varios de los pasillos no sabe en donde se encuentra; a veces parece que ya paso por el mismo lugar y otra quiere encontrar uno de los caminos ya andados y no lo encuentra con facilidad, y es subir y bajar por el cerro hasta que llega nuevamente a la capilla y otras veces le cuesta trabajo encontrar la salida; otras veces encuentra una cueva y cuando trata de localizarla nuevamente le es difícil, y lo más extraño, que en ese lugar se siente una soledad, que no fácilmente se atreve una persona andar sola por esos parajes.

Una de las leyendas que cuentan los viejos lugareños, dice que algunos arrieros que trataron de encontrar la cueva del tesoro, jamás volvieron porque al encontrarla la avaricia hizo presa de ellos y llenaron sus bolsillos y según la leyenda, indica que solo sacando todo el tesoro es entregado, o de lo contrario no encuentran la salida y se quedan encerrados para siempre.

Otra de las leyendas dice que cuando algún caminante solitario anda por esos lugares, se le aparece de momento un hombre vestido de charro con su traje negro y botonaduras de plata y le ofrece el tesoro a cambio de que encuentre las 66 argollas que se encuentran incrustadas en la roca cerca de la entrada de la cueva y que servían para amarrar los bandidos a sus caballos, pero debe ser antes de las seis de la tarde y si las encuentra debe de entrar de inmediato a la cueva y sacar un Cristo de Oro, de más de un metro de altura y debe ser antes que los últimos rayos del sol se oculten en el horizonte. Si triunfa, le será entregado todo el tesoro y ahí acabará la leyenda del Contadero.

Ahora bien, si no encuentra las sesenta y seis argollas, caerá en un sueño profundo y cuando despierte se encontrará tirado en uno de los pasillos del laberinto y jamás volverá a ver la cueva ni las argollas; mas si lograse encontrar las sesenta y seis argollas y penetrara a la cueva pero no lograra sacar el Cristo antes de los últimos rayos del sol, quedaría encerrado dentro de la cueva.

Esta leyenda es una de las más creíbles en esta región, ya que por alguna razón llamándose este paraje el Laberinto, le nombraron también el Contadero, ¿será por las leyendas que de él se cuentan?.

Las tradiciones en Real del Monte. Publicado en el periódico el Sol de Hidalgo el 16 de enero de 1994. Por David Guerrero R.


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