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1766 - Los socavones de Bustamante

Mil setecientos sesenta y seis. Una bonanza de plata propicia el conflicto más importante en la historia de Real del Monte. Por esas mismas fechas, una mujer descrita como "notoriamente pobre" intenta obtener una pensión alimenticia en la Real Audiencia de México.

La coincidencia no tendría mayor relieve si no supiéramos que esta mujer es una hermana de José Alejandro Bustamante, precisamente el hombre que hizo posible la bonanza realeña de este 1766.

Y es que fue él quien, casi treinta años antes, inició una empresa punto menos que imposible. Una empresa que ya había arruinado a varios mineros a lo largo de un siglo: la rehabilitación de la veta Vizcaína.

Corría el año de 1739. Los tiros de la veta más rica de Real del Monte se hallaban inundados y no había medios eficaces ni rentables para su rescate. Y en vista de que los malacates no lograban desaguar los planes hondos, José Alejandro Bustamante propuso realizar una excavación desde un nivel muy inferior al de los planes anegados, con el objeto de que por ahí escurriera el agua.

El lugar escogido fue una cañada de Azoyatla, al suroeste de Real del Monte, entre Pachuca y Pachuquilla.

Aparte de la enorme distancia entre el punto de ataque y los veneros de la veta, como para hacer más temeraria la aventura, el proyecto consistía en la horadación de dos socavones gemelos, el de San Francisco y el de San Antonio, ambos con un diámetro mayor al establecido en las leyes mineras de la época.

Así, según los planes, mientras por un túnel se escarbara, por el otro se iría extrayendo el tepetate en canoas, aprovechando el agua que, era de suponerse, iba a fluir en cuanto se llegara al punto de anegación.

Pero además de esta licencia, Bustamante obtuvo condiciones extraordinarias, como garantía de mano de obra indígena, posesión de los yacimientos que fueran apareciendo y otras ventajas más, todas de acuerdo con lo audaz de su empresa. Empero, esta audacia costó cara. Apenas dos años después, en 1741, la aventura había agotado los reducidos caudales de su promotor.

Azoyatla resultaba un terreno demasiado duro. La excavación, además de avanzar a un ritmo muy lento, no producía ninguno de los hallazgos de yacimientos imaginados. Esto obligó a Bustamante a admitir un socio que le ayudara en el financiamiento del proyecto.

Para el otoño de 1743 este socio pasó a ser propietario legal de la mitad de los bienes mineros de José Alejandro Bustamante. El nombre del socio era Pedro Romero de Terreros.

El tiempo transcurría. El socavón apenas alcanzaba una ridícula porción del total calculado y no producía minerales que compensaran al menos parte de lo invertido.

Por fin, en 1748, José Alejandro Bustamante hubo de admitir que el proyecto de los socavones gemelos de Azoyatla había sido un fracaso. Se puso de acuerdo con mineros que explotaban otras vetas realmontenses y solicitó permiso de las autoridades para cambiar el punto de ataque en su proyecto.

Este socavón de desagüe arrancaría por el lado de Omitlán, junto a las ruinas de la hacienda de Guerrero. Correría por la veta transversal de La Rica y cortaría la veta de Acosta, beneficiando a un grupo de mineros que por ello aceptaban contribuir con parte de los gastos.

La eventual sociedad no estuvo exenta de dificultades. Incluso hubo deserciones sucesivas y malos entendidos que dejaron solo a Bustamante obligándolo, en julio de 1749, a pensar en el abandono de la empresa.

Todo lo cual culminó con la alternativa de abrir el socavón un poco más adelante, es decir, más cerca de Real del Monte, en un paraje denominado Doña Juana, alias lo de Melgarejo, situado al pie del terrero de la mina La Concepción.

Este tercer intento fue el más venturoso. Exactamente trece años después, el 13 de agosto de 1762, el socavón alcanzó los veneros de la veta Vizcaína, lo que significó el principio de la rehabilitación de las minas más rentables de la zona.

Con ello comenzaron a cobrar todo su sentido las ventajosas condiciones que Bustamante gestionó ante las autoridades virreinales en 1739. También con ello se coronó una aventura que duró casí treinta años; aventura cuyo iniciador no pudo disfrutar porque murió el 17 de agosto de 1750.

El desagüe de la veta Vizcaína da lugar a una bonanza que alcanza su punto culminante en el setecientos sesenta y seis: el año del conflicto en Real del Monte, el año en que una hermana de José Alejandro Bustamante solicita una pensión alimenticia.

Agustín Ramos.