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1825 - Las máquinas camino al Real

Uno de los episodios más dramáticos y trágicos de los primeros años de actividades de la Compañía Británica de Real del Monte fue el transporte de las primeras máquinas de vapor, de otro equipo, y de un numeroso grupo de trabajadores ingleses al campo minero del Real. Según el plan original, estos hombres y material debían haber salido de Inglaterra en octubre de 1824, para llegar a México durante la estación de secas. En cambio, debido a un retraso en la fabricación de las máquinas, el grupo no pudo ponerse en camino hasta la siguiente primavera, y así llego a México a principios del verano, “la estación malsana”. Este “pequeño error de cálculo” resulto muy costoso, según informo el encargado de negocios británico en México, porque unos veinte hombres murieron de fiebre y la mayor parte de la maquinaria tuvo que ser abandonada hasta que el invierno puso fin a las lluvias.

Esta expedición estaba encabezada por James Colquhoun, oficial de artillería del Ejército británico que ocupó el cargo de segundo comisario de la compañía en México durante sus primeros años de actividad. Se asignaron cuatro barcos para esta operación: el Courier, el Melpomene, el General Phipps y el Harriet. El primero zarpó con rumbo a Tampico y los demás con rumbo a alguna zona de Veracruz. En total el material embarcado pesaba 1,500 toneladas, y comprendía nueve máquinas de vapor, cinco para bombeo, dos para molinos y dos de aserradero, varias bombas, ferretería diversa, herramientas y utensilios, 150 carretas, mecánicos, artesanos y otros. Entre los 63 pasajeros del Melpomene, se hallaban a bordo siete mujeres y tres niños.

El capitán Vetch fue el encargado de preparar la llegada del grupo y del equipo. Sus responsabilidades iban desde la obtención del permiso de las autoridades mexicanas para que el personal inglés desembarcara en el país y prosiguiera el viaje hasta Real del Monte sin dificultades de migración y aduana; la reparación del camino Veracruz-Real del Monte para acondicionarlo para ser transitado por carruajes; el suministro de animales de carga y tiro para el fatigoso recorrido de la costa al altiplano central.

Vetch no pudo conseguir cumplir con sus obligaciones al 100%. Tuvo dificultades para obtener los permisos de tránsito y no le autorizaron el desembarco en el Antón Lizardo, solo pudo conseguir que le permitiran el desembarco en la playa abierta de Mocambo en la vecindad inmediata de Veracruz, donde a causa del viento y del oleaje solamente podría descargarse la pesada maquinaria durante los meses de mayo, junio y julio. Además, tampoco Mocambo era “puerto habilitado”.

Al emprender los trabajos de reparación del camino Veracruz – Real del Monte, Vetch pensó no en reconstruirlo, sino solamente en mejorarlo lo suficiente para que pudieran transitar los carros y carretas ingleses cargados con la pesada maquinaria. Nombrando como superintendente de los trabajos de reparación del camino mencionado a Samuel Hutton.

Cuando faltaba un mes para la anunciada llegada del primer barco, Hutton emprendió con seriedad la tarea. A fines de mayo se terminaron las reparaciones del tramo Veracruz – Jalapa, y el tiempo que tardara la descarga del equipo traído a bordo del Melpomene y su transporte hasta Jalapa permitiría que una cuadrilla de cincuenta hombres ejecutara las reparaciones necesarias hasta Perote. Al tratar de cumplir con este encargo, Hutton murió, parece que de fiebre amarilla.

En su intención de proporcionar suficientes animales de carga y tiro para que estuvieran disponibles a la llegada de los cuatro buques ingleses, Vetch sufrió un desengaño. No pudo mandar mulas a Tampico principalmente porque los arrieros de la ciudad de México con los que tenía tratos, no conocían bien esa parte del país y se mostraron poco dispuestos a hacer el viaje durante la estación de lluvias. Por lo que, no se disponía de medios de transporte al Real cuando el Courier entró a a puerto el 17 de mayo de 1825 después de una travesía de cincuenta y seis días desde Londres. La carga que llegó a bordo de ese barco tuvo que dejarse en Tampico al cuidado de un pequeño grupo de empleados de la empresa, para ser enviada al campo minero en cuanto se dispusiera de mulas.

En cuanto a los animales para la descarga en Veracruz, Vetch planeó comprar 100 mulas de tiro y contratar los servicios de otras 200, pero no fue hasta fines de junio cuando llegaron mulas de la capital, y no eran más que 120 en lugar de las 200 prometidas por el contratista de la ciudad de México. Y aunque Colquhoun compró caballos y mulas en la región de Jalapa, la escasez de bestias de tiro duró todo el mes de septiembre, a fines del cual los representantes de la Compañía aprovecharon la feria anual de México para comprar 200 caballos, la mitad de ellos para las minas, al precio aproximado de $15 cada uno, y 500 mulas, de $25 a $30 por cabeza.

Los problemas presentados en el desembarco del cargamento de los buques que llegaron a la zona de Veracruz fueron extremadamente graves. Habiéndoseles negado el permiso de verificar el desembarque en Antón Lizardo, los buques tuvieron que anclar frente a la playa abierta de Mocambo, el Melpomene, a bordo del cual se hallaba Colquhoun, el 28 de mayo, el General Phipps el 20 de junio, y el Harriet el 28 del mismo mes. Durante junio y julio se logró bajar a tierra la carga de los tres navíos, la del Harriet después de esperar anclado nueve días que se le diera autorización. Tres cilindros y tres cajas llenos de piezas de hierro, sin las cuales era imposible echar a andar las máquinas de vapor, fueron alejados de los barcos por las olas, y sólo se logró recobrarlos después de dos o tres semanas de esfuerzos titánicos.

Mientras duraron estas lentas operaciones de desembarque el grupo tuvo que acampar en un lugar que era tan húmedo como insalubre. Para principios de septiembre habían muerto 15 europeos y se temía el deceso de otros cinco. El número total de ingleses y mexicanos que perecieron durante la operación de transporte sólo puede ser objeto de conjeturas.

Al llegar Colquhoun, Vetch le aconsejó que transportara la maquinaria y el equipo traídos por el Melpomene y por el General Phipps inmediatamente a Jalapa, para que el grupo no se quedara en la mortal zona costera. Le sugirió además que estableciera su base de operaciones en esa ciudad y no en la costa, para dirigir las operaciones de desembarque y transporte.

El fatigoso recorrido tierra adentro fue lento y arduo. Aunque la expedición se abasteció adecuadamente de carretas y arreos en el Arsenal Real de Woolwich, las mulas de tiro enviadas del interior de México no estaban amansadas, y los costeños no estaban acostumbrados tampoco a manejarlas. Además, la profunda capa de arena de los caminos hacía que mover las pesadas carretas fuera una tarea sumamente difícil y tediosa. Para mediados de agosto el grupo encargado del transporte había llevado 380 toneladas de material y maquinaria pesados, en unas 270 carretas, desde el punto de desembarque hasta Santa Fe, que según parece era una hacienda cercana a Jalapa donde se estableció un depósito, y otras 100 toneladas que podían ser transportadas en mulas habían sido ya enviadas a Real del Monte.

Aunque la información sobre la ruta exacta que se siguió de la costa a Real del Monte es esquemática, ha sido posible identificar suficientes paradas hechas a lo largo del camino como para dar un cuadro general de dicha ruta. Después de salir de Jalapa el grupo pasó por Perote, que se encuentra todavía en lo que actualmente es el Estado de Veracruz, y de allí atravesando una zona estrecha del actual estado de Puebla entró en lo que hoy es el estado de Tlaxcala, pasando por los pequeños poblados de Piedras Negras, Atlangatepec y Buena Vista. Ya una vez en el territorio del actual estado Hidalgo se dirigió al Real a través de Apan y Singuilucan.

Un funcionario de la Compañía, que pronto volvería sobre sus pasos en la ruta, nos relata dos de las penosas experiencias a que se vio sometido el grupo encabezado por Colquhoun en su ascenso del litoral al altiplano: una noche, en los llanos de Apan, un inesperado chubasco arrastró y ahogo a veintiuna mulas; y en una barranca de un lugar llamado Hacienda de Piedras Negras, una carreta que llevaba 36 quintales de material férreo fue arrastrada también por la lluvia, ahogándose nueve mulas; varios hombres estuvieron a punto de perder la vida.

El 1º de noviembre Vetch informó a la sede central en Inglaterra que “Colquhoun y Buchan ya están aquí, el primero merece elogios por su firmeza y perseverancia para traer el equipo desde la costa habiendo tenido que enfrentarse a tantos obstáculos”. Los accionistas de la Compañía, reunidos en Londres, votaron por unanimidad expresar su gratitud a Colquhoun y a sus subordinados que transportaron el material hasta las minas, “por el gran esfuerzo que desplegaron y por el celo con que realizaron dichos servicios”. A pesar de todo, la tarea de llevar el resto de la maquinaria y del equipo al Real se prolongaría hasta muy avanzado el año siguiente, y no fue hasta mayo de 1826 cuando las máquinas de vapor llegaron finalmente a las minas.

Bibliografía: Libro: Real del Monte:Una Empresa Minera Británica en México. Autor: R.W. Randall. Editor: Fondo de Cultura Económica ISBN: 968-16-2052-6. Primera reimpresión 1986.


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